LUGO. Cinco de los detenidos por
pertenecer a la red internacional
dedicada a colocar en España,
Portugal y norte de África dinero
falsificado por la mafia calabresa,
la ‘Ndrangueta’, tenían su base de
operaciones en un piso de la Praza
do Ferrol, desde donde comandaban
la distribución de los billetes
por todo el norte de España.
Según pudo saber este diario,
la Guardia Civil se incautó en este
domicilio de diversa documentación,
billetes de curso legal y útiles
para la falsificación de dinero, tales
como destornilladores de precisión
y encolante de cianocrilato,
con el que lograban disimular uno
de los aspectos más fácilmente
perceptible del dinero falso.
Los investigadores sostienen
que esta célula de la banda, ya
desarticulada, se instaló en la capital
lucense a mediados del pasado
mes de julio y permaneció en
la ciudad hasta finales de agosto,
incluso después de perder a dos
de sus integrantes, que fueron
detenidos junto a otros dos compatriotas
en A Pobra de San Xiao a
principios de agosto.
Aunque no motivaron su traslado
inmediato, estos arrestos provocaron
que los integrantes de la
célula con base en Lugo desplazasen
su actividad delictiva al sur de
España, en concreto a la zona de
Elche, en Alicante, lo que suscitó
que el equipo del área de Patrimonio
de la Policía Judicial de Lugo
tuviese que recabar la ayuda de los
Equipos Contra el Crimen Organizado
de Alicante, Murcia y, más
tarde, de A Coruña.
Precisamente en la ciudad
herculina fue detenido otro de
los integrantes de la célula lucense,
S.B. de 29 años. El resto
de los miembros son A.F., de 28
años, A.EO., de 21 años; H.K.,
de 23 años y H.O. de 28. Éste último
fue arrestado el pasado 7 de
noviembre en la estación de autobuses
de Lugo con 1.150 euros
falsos en su poder listos para ser
distribuidos en la capital lucense.
Al grupo se unía de vez en cuando
algún compatriota con residencia
en una pensión de la Rúa Río
Neira. Todos los integrantes de la
célula lucense de la organización
son originarios de la misma zona de Marruecos, Beni Mellal, una
región bereber muy castigada por
la emigración.
Además de colocar el dinero falso
por toda la cornisa cantábrica,
que solían transportar por carretera
y oculto en los neumáticos
de repuesto, la célula lucense introducía
los billetes en establecimientos
de la Avenida da Coruña y
la Ronda das Fontiñas, principalmente
en tiendas pequeñas que
carecen de sistemas de detección,
y mercadillos. Asimismo, los
agentes detectaron billetes falsos
en un local de venta de comida
marroquí y en pubs de Marina Española
y Salvador de Madariaga.
Si bien los investigadores subrayan
la gran calidad de los billetes
falsos distribuidos por esta red,
con la marca de agua, el motivo
de coincidencia y el holograma
casi perfectos, apuntan a varias
pistas que pueden conducir a su
identificación. Así, los billetes de
20 euros que la red colocaba no
tienen el hilo de seguridad, un
elemento que se puede ver simplemente
poniéndolo al trasluz.
Respecto a los de 50 euros, los investigadores
detectaron otro fallo
que puede ayudar a descubrir el
fraude. Para fabricar estos billetes,
que cambian de tonalidad
según su posición, se utiliza tinta ópticamente variable (ovi), de la
que los falsificadores abusaron en
la última remesa, lo que provocó
que ésta se traspasase al reverso de
los billetes.
LUGO. Todo camino comienza
por un primer paso, y una de
las operaciones más exitosas de
realizadas por la Guardia Civil
de Lugo en los últimos años tuvo
su arranque con la instintiva actuación
de un estanquero de A
Pobra de San Xiao, en Láncara,
el pasado 9 de agosto.
Indignado porque un joven
magrebí le había colado un billete
de pega de 50 euros comprándole
un ‘Red Bull’, no se lo
pensó dos veces a la hora de perseguir
al autor del fraude. «Corría
como Carl Lewis», relataba
el estanquero en agosto pasado,
apenas unas horas después de
convertirse en héroe ciudadano
por casualidad. A pesar de que
logró darle alcance en un cruce
minutos después, el delincuente
le dio esquinazo tras asegurarle
que lo acompañaría al cuartel. A
partir de entonces se inició una disparatada persecución, primero
a la carrera y después sobre la
bicicleta que cogió prestada a un
niño. Lo siguió hasta la salida del
pueblo, donde comprobó que se
subía en un Renault ‘Laguna’ con
matrícula de Barcelona. Apuntó el
número de placa y alertó a la Guardia
Civil. Pocos minutos después,
los agentes les daban alcance en
Sabarei, no sin antes tener que encañonarlos
con sus armas porque
se resistían a frenar el vehículo.
Finalmente, los agentes detuvieron
sólo a cuatro, ya que el ‘Carl
Lewis’, que resultó ser H.K., de
23 años, y fue detenido en Elche
tiempo después, se dio a la fuga
con el dinero.
Estos primeras detenciones dieron
a la Guardia Civil la primera
pista de la existencia de una red
internacional de falsificadores
que ha logrado desarticular.