A muchos conductores gallegos la noticia les ha llegado este fin de semana por la vía menos agradable, la económica. Se han enterado en la propia carretera de que la Guardia Civil de Tráfico se ha pasado ya a las nuevas tecnologías para poner multas. Los agentes han cambiado el bolígrafo y el boletín de denuncia por modernas agendas electrónicas (las populares PDA, así llamadas por sus siglas en inglés).
Los nuevos dispositivos electrónicos permiten a los agentes tener una conexión directa con las bases de datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) y con los registros de conductores y automóviles. De esa forma, los guardias pueden obtener información inmediata sobre un determinado conductor. En segundos, y con solo introducir el DNI del automovilista tendrán acceso a su historial de sanciones y sabrán si tiene alguna deuda pendiente con la DGT o, por ejemplo, cuántos puntos ha perdido de su carné. Lo mismo sucede con los vehículos, pues los agentes pueden saber al instante si el coche tiene toda la documentación en regla, si tiene seguro o si ha sido robado.
Esa agilidad en la identificación de los automovilistas también se traslada a la formulación de las denuncias, ya que cuando el agente introduce en la PDA el DNI del conductor, la matrícula del vehículo y la infracción supuestamente cometida, la DGT asigna automáticamente un número de expediente que pone en marcha el proceso sancionador. En ese mismo momento, el infractor recibe (mediante una impresora portátil instalada en los coches patrulla y en las motos de la Guardia Civil) la notificación de que ha sido denunciado, el motivo de la infracción y el coste de la multa.
Días después, el conductor recibirá por correo en su domicilio la resolución de su expediente sancionador. La conexión electrónica e inmediata con las jefaturas de Tráfico acelera todo el proceso, ya que antes los boletines de denuncia tardaban días en llegar de los cuarteles de la Guardia Civil a la DGT.