La Navidad dispara el consumo de coca pero no hace subir el precio

Policía Nacional y Guardia Civil detectan un «evidente repunte» que achacan al incremento de los consumidores ocasionales ▶ El gramo en la calle se mantiene en el mismo nivel desde hace años: 10.000 pesetas antes de la entrada del euro y 60 euros en la actualidad

coca«La cocaína es como el champán, que se bebe todo el año pero en Navidad se multiplican las ventas. Pues la coca es la droga navideña, por algo la llaman nieve». José Luis Raposo, sargento jefe del Grupo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Guardia Civil de Lugo, explica de este modo el «evidente repunte» del consumo de cocaína durante las fiestas navideñas. No obstante, y al contrario que otros productos como los juguetes o el marisco, la mayor demanda no hace que el precio de esta extendida droga suba, sino que se mantiene estable desde hace muchos años.

cocaJosé Luis Raposo comparte guerra y opiniones con Miguel Martínez, jefe del Grupo Uno de Delitos contra la Salud Pública de la Policía Judicial de Lugo. Y la experiencia de ambos indica que, si bien es difícil cuantificarlo en cifras, el aumento del consumo de cocaína en Navidad es exponencial. «Se suman los consumidores habituales, que tienen más horas de ocio», analiza Raposo, «con un número elevado de consumidores ocasionales. Muchos jóvenes tienen su primer contacto con las drogas en fiestas como las de fin de año».

La causa es conocida: «La gente no tiene el concepto de que sea tan dañina como realmente es, lo asimila a la fiesta y al ocio y se consume en compañía, es el complemento del alcohol y ayuda a largar la noche. Es una droga cuyos efectos son sobre todo  psicológicos, el enganche físico es mínimo, no produce un mono como la heroína. Pero si que produce adición psicológica, provoca una gran ansiedad que incita a consumirla», resume Miguel Martínez.

El consumidor medio, coinciden ambos, es una persona de entre 25 y 50 años, ya que los de menos edad suelen optar por drogas más baratas, como el speed o las pastillas, si bien la facilidad con la que se consigue la cocaína y su precio hacen que las drogas de diseño estén menos extendidas aquí que en zonas como Madrid, el País Vasco o el Levante español.

Precio constante
Una de las claves está en el precio: una demanda estable en el tiempo ha hecho posible que la cocaína sea un producto que no se vea afectado ni por las épocas de mayor demanda, ni por la inflación ni siquiera por el euro: el gramo que valía 10.000 pesetas antes del 2002 sigue valiendo ahora 60 euros. Hay excepciones, reconoce Miguel Martínez: «Algunas veces la encuentras por 35 o 40 euros el gramo (que nunca es un gramo, sino 0,7 o 0,8, que hacen el gramo con el envoltorio), pero es cuando ya hasta el camello te reconoce de entrada que es mala. Es tan mala que se me pega a la nariz, suelen decir. Lo normal es 60 euros».

En opinión de estos dos expertos en la lucha contra la droga, lo único que puede variar en fechas como éstas es que «algunos camellos la adulteren un poco más o que el gramo vaya peor pesado». Para evitar estas molestias, los consumidores tratan de encargarla con más antelación y «los camellos hacen más acopio, ya que si una noche de sábado venden 10 gramos, una noche como éstas venden 25», lo que obliga a los agentes de la ley a actuar antes para evitar que llegue a la calle.

No obstante, y pese a su cercanía a importantes centros de entrada y distribución, como las Rías Baixas, en Lugo no se detecta  un mayor consumo que en otras ciudades de su nivel. Ni tampoco graves problemas de tráfico, ya que «las grandes cantidades aquí sólo se ven de paso hacia otros lugares», indica Martínez.

Gran riesgo
Esta aparente ‘normalidad’ en el consumo de cocaína, derivado de su aceptación por parte de una sociedad que la asocia a factores de éxito, de sexo y de diversión y que no acaba de percibir el cambio experimentado en el perfil del adicto, esconde sin embargo un gran peligro: «El consumo ocasional es el paso previo al consumo habitual, lo vemos con mucha frecuencia en nuestras investigaciones», alerta Raposo.

«Sí es cierto que mucha gente consigue mantener un consumo estable sólo en fin de semana o en algunas fiestas y prolongarlo en el tiempo», continúa el guardia civil, «pero hay mucha gente que empieza de ese modo y luego acaba necesitando la coca para todo:
un día porque ha dormido mal, otro porque tiene un partidillo de tenis y no está bien físicamente, otro porque cree que trabaja mejor... y al final no puede funcionar sin la coca. Y también vemos que muchos niegan la evidencia del consumo, porque eso de que puedes tomarla sólo los sábados es ficticio. Te encuentras con gente que sólo piensa en que llegue el sábado para llamar al camello, grupos de amigos que lo primero que hacen es conseguir la coca y luego ya decidirán dónde van a cenar o a tomar la copa, que no saben salir sin la droga».