Condenado a 21 años el guitiricense que tiroteó a su madre y a dos agentes

El hombre no podrá residir en Parga, donde sucedió el ataque, durante los próximos 20 años. La Audiencia considera probado que actuó «con alevosía» y que tuvo «claro ánimo de matar»

condenadoPAULA VILARIÑO
LUGO. La Audiencia Provincial de Lugo impuso una pena de veintiún años y medio de prisión a Francisco Vázquez Montes, el vecino de Parga (Guitiriz) que tiroteó a su madre y a dos agentes de la Guardia Civil el 14 de marzo de 2007. El fallo recoge igualmente que el procesado no podrá residir en la citada localidad durante los próximos veinte años, el mismo tiempo que deberá permanecer alejado de su progenitora.
La sala considera probado que el hombre tuvo «claro ánimo de matar» y actuó «con alevosía», ya que perpetró el ataque «por sorpresa, de modo súbito e inesperado, fulgurante y repentino; un ataque sorpresivo que eliminó la posibilidad de defensa de los guardias», señala.
Francisco Vázquez —que durante el juicio contra él celebrado el pasado 23 de junio se negó a prestar declaración— había reconocido tras su detención que quería «acabar con todo y con todos», un testimonio que también se recoge en la sentencia como prueba de su «ánimo de matar».
HECHOS . La sala considera probado que en la mañana del día 14 de marzo de 2007, el acusado sostuvo una breve discusión con su madre en el domicilio que ambos compartían en el barrio de O Buxío, ubicado en Parga. En el transcurso de la pelea —con motivo de las discrepancias entre ambos por una ventana que la mujer había encargado para poner en el baño de la vivienda—, el acusado empujó a su progenitora y le propinó un puñetazo en un ojo.
Tras la agresión, la mujer se trasladó al cuartel de la Guardia Civil de Guitiriz, acompañada por su hija, y les pidió a los agentes que acudieran a la vivienda familiar para hablar con el acusado. Sin embargo, como la mujer les comunicó que pasaría la noche en casa de la joven, los guardias le dijeron que la acompañarían a su domicilio a la mañana siguiente para aclarar los hechos.
Esa noche, tal y como recoge el fallo emitido por la Audiencia, el procesado «planeó darle muerte a su madre cuando ésta regresara a casa», para lo cual cogió una escopeta de caza que guardaba encima de un armario, la montó, la cargó con una munición mezclada a base de perdigones y balas, y la dejó apoyada en la cama de su progenitora. Además, guardó abundante munición en el chaleco que tenía pensado ponerse al día siguiente.
ATAQUE. Cuando los dos guardias acompañaron a la mujer a la casa familiar —sobre las nueve y media de la mañana—, encontraron al procesado en un garaje ubicado en la parte exterior de la vivienda, donde cortaba con una radial la ventana por la que había discutido con su madre.
En ese momento, los guardias le comunicaron que iban a proceder a su detención por los malos tratos a su madre, a lo que el hombre respondió echando a correr hacia la vivienda y cogiendo la escopeta que ya tenía preparada para disparar. Acto seguido, encañonó sorpresivamente a uno de los agentes —que le había seguido hasta la casa— y le disparó a la altura de la cabeza «con ánimo de acabar con su vida».
El hombre consiguió esquivar la bala y salió corriendo de la vivienda, mientras que el acusado seguía disparándole con
la munición que había guardado el día anterior en el bolsillo del chaleco, por lo que el guardia no tuvo tiempo de sacar su arma reglamentaria.
En un momento determinado de la persecución, el procesado vio al otro agente intentando pertrecharse tras un muro y le disparó apuntándole al abdomen. La sentencia recoge que el disparo fue «inesperado y sorpresivo», por lo que el guardia únicamente pudo disparar su arma con intención disuasoria cuando ya se encontraba herido.
Finalmente, los dos agentes de la Benemérita lograron colocarse fuera del alcance del agresor, por lo que éste reanudó la búsqueda de su madre —«con el propósito de darle muerte»—, que se había situado detrás de la puerta de entrada de la vivienda. El acusado encañonó la cerradura de dicha puerta y disparó, pero la mujer logró refugiarse en una habitación y huyó por una ventana.
Finalmente, Francisco Vázquez fue detenido horas más tarde.

El ministerio fiscal pedía el doble de pena, 43 años

El ministerio fiscal solicitaba para el acusado un total de 43 años de prisión, justo el doble de la condena impuesta finalmente por la Audiencia, fijada en veintiún años y medio de cárcel.
En el escrito de calificación provisional —elaborado por la fiscal de la adscripción permanente en Mondoñedo— se imputaba al acusado un total de tres delitos de asesinato en grado de tentativa, en relación concursal con otro de atentado, así como otro delito de maltrato familiar.
Por cada uno de los tres delitos de asesinato no consumados en las personas de su madre y de los dos agentes de la Guardia Civil, la representante del ministerio público solicitaba catorce años de prisión, a los que sumaba un año más de cárcel por un delito de maltrato familiar.
Sin embargo, la Audiencia considera que, en cuanto a los delitos de asesinato en grado de tentativa y atentado, procede aplicar las penas de cada infracción por separado. Además, afirma que el procesado es autor de dos tentativas de asesinato contra su madre y el sargento de la Guardia Civil.
Sin embargo, en lo que se refiere al ataque contra el otro agente señala que se trata de un delito de homicidio en tentativa, ya que cuando empezó a disparar contra el sargento, «el efecto sorpresa se habría diluido», pues el guardia
ya había observado la conducta del acusado contra su compañero.

El acusado debe pagar a un guardia 200.000 euros

Además de las penas de prisión, la Audiencia Provincial de Lugo determina que Francisco Vázquez Montes tendrá que indemnizar a uno de los agentes heridos en el tiroteo en la cantidad de 200.000 euros, en concepto de las lesiones sufridas y las secuelas.
Este guardia, de 36 años de edad y natural de la localidad coruñesa de Narón, resultó herido grave y tuvo que ser evacuado en helicóptero a un hospital de A Coruña, donde fue intervenido quirúrgicamente de un impacto en el abdomen.
El agente de la Benemérita continúa actualmente sin poder regresar a su puesto de trabajo, ya que tuvo que ser sometido a una operación en la que le implantaron una malla para sujetarle toda la musculatura del abdomen, que, según explicó la propia víctima durante la vista oral, «quedó destrozada tras el impacto de bala». Además, como consecuencia de esta lesión, el hombre no puede realizar esfuerzos y será operado nuevamente.
Por otra parte, el procesado deberá abonar al Servicio Galego de Saúde (Sergas) la cantidad total de 338 euros en concepto de asistencia médica prestada a su progenitora, quien renunció a cualquier tipo de indemnización que pudiera corresponderle por las heridas sufridas en el tiroteo.